Lo remanente

Por Pedro Ottonello 

Analizar lo que dejó el partido de San Martín contra Ramón Santamarina es complejo. Es difícil por el contexto y la coyuntura. Por un lado un equipo que llegó el miércoles a Tandil, no debería haber tenido los problemas que tuvo en la cancha, referido a la adaptación al campo de juego. Los 11 de San Martín juegan en la misma cancha que los 11 de Santamarina. Y sólo los de camiseta roja se resbalaban. Algo anduvo mal en esa cuestión.

Trascendía en el amanecer del partido un rumor que luego se confirmó: el mendocino Andrés Merlos se acercó al hotel donde se alojaban los jugadores para hablar con Diego Cagna, en principio para disculparse, luego el técnico dijo que fue a hablar de fútbol. Una historia de vida: Merlos a los 17 años dejó su San Rafael natal para sumarse a la Fuerza Aérea. Los avatares de la vida lo depositaron en Tandil, donde abrazo la redonda y comenzó a dirigir a temprana edad, y se federó allí. Fue haciendo su vida y lentamente comenzó a dirigir subiendo escalones. Por ello, un mendocino, radicado en Buenos Aires, arbitró a un equipo tucumano.

La logística fue un punto a tener en cuenta: al abandonar la ciudad natal del Presidente de la Nación, el equipo se subió a un colectivo que lo llevaría directo a Aeroparque para tomar un avión, que reprogramó su vuelo por motivos climáticos, por lo que se hospedaron en el Sheraton de Retiro. Entre porciones de pizza y gaseosas light los jugadores emprendieron el viaje de regreso.

Un lazo especial unía a las dos instituciones: la vuelta de un hijo pródigo, Diego Bucci, jugador que defendió durante 7 años la camiseta de Ramón Santamarina, y jugador con más presencias en la historia del club tandilense (205). Y el recuerdo de Ivan Agudiak, quien también jugó en Tandil, recordado por sus goles trascendentales. Una marca registrada.

Con la delegación viajó el vicepresidente Daniel Galina. En principio se especuló con que el presidente Roberto Sagra estaría presente en un evento de la peña boquense “Angel Clemente Rojas”, donde aprovecharía para hacer vínculos con algunos dirigentes del Club Boca Juniors.

La garganta se hizo un solo nudo en todos aquellos que sacaron la calculadora: si San Martín pierde el próximo partido, queda en descenso directo, algo que no ocurría desde el partido con Chacarita. Por otro lado, necesita sacar 6 puntos de los 15 que quedan para salvarse. Aunque sin reproches, los jugadores y la delegación pusieron paños fríos en una situación en ascuas: “dependemos de nosotros mismos, vamos a ver si somos hombres para poner lo que hay que poner y dejar a San Martín en la categoría, que es el objetivo que nos trazamos a principio de campeonato. Vamos a trabajar en lo que nos equivocamos”, comentaba un ofuscado Cagna. “Todos vimos la mano, hasta ellos. No sé porque el arbitro no la cobró. Nos vamos con una sensación rara, un partido jodido pero que podíamos ganar. Se comió varias el árbitro”, comentó un molesto Matías Catalán.

El Club y Biblioteca Ramón Santamarina es un club modesto. Levantó una quiebra hace unos años, con algunos nombres en su dirigencia que remiten a política, logró cierta regularidad. No tiene jugadores de mucho renombre, sueldos en general bajos para la categoría, un club con pocos socios y que usa el estadio de la municipalidad. Un club de familia: los mismos socios venden café y sanguches de lomitos, choripanes, todo con la finalidad de financiar al club y otras actividades afines. Un club a pesar sus limitaciones ordenado, de familia, donde en la tribuna todos se saludan con el nombre y con tolerancia y respeto. Varios tucumanos radicados en Tandil, Mar del Plata y Capital Federal se acercaron a ver fútbol. Algunos distinguidos por el inconfundible acento, otros por ropaje que remitía al club, se incorporaron y se confundieron en la tribuna.

Todos se volvieron con cierta preocupación al terminar el partido. Algunos memoriosos invocaron la famosa “campaña de los 50 puntos” de Carlos Roldán. Hoy la prioridad está en salvarse. Ya se sabe de varios jugadores que no van a seguir, y de algunos que se van a quedar. El recorrido está marcado, el “Santo” depende de sí mismo.

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