“San Martín es un reflejo de mi vida”

Por Pedro Ottonello

Todos los equipos están llenos de personajes como el de esta historia, a su vez que cada historia es única en su genero. Por eso mismo es que merecen ser contadas, esconden en lo más profundo situaciones que invitan a matear. Una de esas anécdotas que se cuentan en la sobremesa de un asado cuando se empiezan a peinar canas.

Eduardo Wehbe se crió en la España al 3.000, y curso el secundario en el Tulio. Una pregunta que siempre hago, es si es hincha de su equipo por elección o por herencia. “Ambas, primero… Mi papá y mi hermano de muy chiquito me llevaban a la cancha. Y cuando estuve en esa cancha por primera vez, qué debo haber tenido, entre 9 y 8 años. Eran los viejos nacionales. Y quise esa alegría para mi también. Yo aprendí a ver el fútbol en la cancha de San Martín. La historia va cambiando, pero la escencia de la gente de San Martín se mantiene, yo lo recuerdo con mis tíos, con mi hermano, con mi viejo… Ibamos siempre al mismo lugar en la cancha”.

Un verdadero trotamundos: en el ’98 se recibía de Contador Público Nacional, y a la semana ya estaba en Buenos Aires para estudiar Ciencia Política en la UBA.

-¿Estuviste en el ascenso del ’88 en Chaco?

-Yo fui a Chaco. Tenía 16 años. Me acuerdo que dos días antes del partido le dije a mi viejo “Papá, yo quiero ir a Chaco”. Me llevó a media cuadra de la cancha de San Martín, de donde salía un omnibus. Es un recuerdo fundacional para mi, y tengo un gran recuerdo de lo que fue ese partido. Hay un recuerdo muy especial para mi, y es que cuando se terminó el partido y ascendió San Martín entramos a la cancha para dar la vuelta Olímpica, y del otro lado, encontré a un tío mío. Un tío que ya falleció, pero que quería mucho, íbamos siempre juntos a la cancha. Y yo no sabía que el había ido, y me lo encontré del otro lado de la cancha… llorar abrazado a mi tío ese ascenso fue una cosa hermosa.

Eduardo atesora todo de aquel ascenso. Todas las entradas, los goles grabados en su retina, y lo que es una reliquia: la camiseta más antigua que posee, la del equipo de dirigido por Nelson Chabay, que aquella fría tarde del 24 de julio de 1988 dio la vuelta. Me recita la formación como un padre nuestro: Juan Ibáñez; Pedro Pablo Robles, Walter Villafañe, Alfredo Juárez, Dante Unali; Héctor Chazarreta, José Humberto Noriega, Julio César Jiménez; Ricardo Troitiño, José Ernesto Campos y Jorge Orlando López. Es, a su gusto, el mejor equipo del “Santo” que vio.

El equipo del primer ascenso a primera. 1988

El equipo del primer ascenso a primera. 1988

-Jugué en inferiores, era un 4 con proyección. Troitiño era del barrio Modelo, era del barrio. Había cierto contacto.

El tiempo pasó, y Eduardo me confiesa que luego no viajó mucho. El tiempo no dejó de correr y los primeros años del nuevo milenio lo encontraron en Buenos Aires, festejando de manera espontanea un ascenso de San Martín en el Obelisco. Uno más, otro más. Ahi, junto con otros hinchas decidieron darle forma a la que sería La Filial Cirujas en Buenos Aires. En aquella primera gestión, el fue tesorero, recuerda que todo fue a pulmón, poniendo dinero de su bolsillo muchas veces para las cosas más pequeñas. Mucho esfuerzo. Afloran los nombres, el “Viejo” Víctor, el “Chango” Pérez…

-Recuerdo que nos hicieron dar una vuelta por la cancha, cuando aún Darnay era presidente, antes de que llegaran los Ale. Fue un momento muy emotivo. La dimos a la vuelta con los muchachos de la Filial. Creo que era con Defensa y Justicia ese partido.

Recuerdo que esperábamos a la gente de Tucumán en un bar en Once, y de ahí íbamos viajando a los distintos lugares del país. Siempre acompañando a San Martín.

Camino al andar

La vida y las nuevas obligaciones lo fueron separando de la Filial, aunque siguió siempre atento a su pasión. Vivió muchas cosas y recuerdos inolvidables.

La vida lo encuentra trabajando para Médicos Sin Fronteras unos pocos años después.

Eduardo se emociona al recordar las historias de San Martín.

Eduardo se emociona al recordar las historias de San Martín.

A partir del 2013 viajó por el mundo, particularmente África.

-Contame alguna que te haya pasado en África..

-La de ahora, la más importante ha sido cuando ascendimos. Cuando ascendimos al Nacional B. A mi justo me había tocado una misión en Yemen. A donde viajé llevé al menos una camiseta del “santo”, siempre a todos lados. Cuando llegué allá, la conexión no era buena, era difícil ver los partidos. Entonces, había que buscar una red especial para conectarse. Y yo lo encaré al que manejaba internet y le dije, “flaco, por favor, quiero ver el partido, entendeme”. Y estaba jugando Argentina simultáneamente la Copa América. Y era explicarle, “flaco, la Copa América no-me-interesa. Te cambio Copa América por ascenso de San Martín”. Y el no entendía, “¿quien es San Martín?”, no no, vos ponelo, vos no sabes nada, dejame con San Martín, jajaja. Me dio una clave especial y ahí pude ver los partidos, única forma.

El último partido si lo vi bien, porque lo vi por canal 10. Estaba viendo el partido, eran como las 11 de la noche, ya todos se habían ido a dormir, la casa donde estabamos todos los laburantes era un silencio en Yemen. En eso pasa una chica de Malasia, era la coordinadora de Recursos Humanos, y en eso que pasa caminando a la par mía se iba a sentar y ¡justo mete el gol San Martín! 1-0, yo entré a saltar y gritar, la abracé, ella no entendía nada. Hasta le dio miedo la situación. No entendía nada, encima ya estaban durmiendo todos… Y cuando ascendió, no se, me fui a dormir tarde, me acordé de mis amigos, mi viejo, mi hermano y mis tíos. Desvelado, con mucha alegría. Fue el mejor recuerdo, pero porque se cumplió un ciclo.

Pero lo que fue el partido que le ganamos a Guaraní Antonio Franco, con el gol de Agudiak… Lloraba a lágrimas, no podía más, era salir a dar corriendo tres vueltas a la manzana para bajar la energía que tenía encima. Son grandes recuerdos. Pasamos mucha frustración, era intentar y no llegar. Hoy a San Martín le pido regularidad. Nada más.

-¿Fuiste sólo a Yemen?

-No no, también estuve en el Congo y en Etiopía, no, no sabés… Cada historia te puedo contar..

A medida que el tiempo corre…

Se nota en Eduardo que lleva los recuerdos muy nítidos. Cada tanto al hablar de ciertas cosas se le quiebra la voz y se emociona. Un personaje.  Dice que si lo apuran, cambia Copa del Mundo por un Campeonato grande que gane San Martín. No tiene cábalas. Y el 6-1 a Boca lo escuchó por radio en Tucumán. La locura del no creer.

-Debo decir que mis grandes amigos son de Atlético. Los acompaño, y nos cargamos, nos reímos. Esto de convivir con simpatía es a lo que estamos obligados, y está muy bien que así sea. Ese folklore no debe perderse.

-¿Alguna que me quieras contar pero de Argentina?

-Tengo una para contarte, yo hacía poco que estaba en Buenos Aires. De esto tengo un recorte de La Gaceta, de una entrevista que me hicieron por esto que te voy a contar. Yo ya estaba en Buenos Aires, jugaba San Martín en Arrecifes, caía sábado. Y justo me viene a visitar mi vieja con mi hermana, y yo no sabía que hacer porque quería ir a ver a San Martín. Yo tenía un autito, un Fiat Duna gris, se lo había comprado a mi hermano, volaba. Y justo mi vieja llegaba un viernes. Tipo 3 de la tarde del sábado le pregunto a mi vieja: “mamá, ¿vos querés ir a la Virgen de San Nicolás?”, y me dijo que sí. “Bueno, yo te llevo”. Y la llevé, subimos al auto con mi hermana y un amigo. Y yendo en la ruta para San Nicolás pasamos por Arrecifes. Y le digo que tengo que entrar ahí, que aguante un ratito, que tenía que entrar pero que ya salíamos. Y que ya seguíamos viaje.

Yo sólo sabía que la cancha estaba cerca de la ruta, así que anduvimos como 5 kilómetros y llegamos a la cancha. Yo no la conocía. Ahí quedaba la cancha de Almirante Brown de Arrecifes. La encontramos, paro el auto, y le pido a mi mamá que me espere un momento. Me bajo y le pregunto al portero por la hinchada visitante… y me dice “no maestro, no hay nadie”, y yo le pregunto que cómo que no hay nadie. Y ahí no más le pregunto si puedo pasar a ver el partido, y me deja pasar. Ni me cobró entrada.

Yo me había lookeado con una gorrita de San Martín. Y no había nadie. San Martín venía en un bajón importante, faltaban 4 fechas y de hecho esa temporada descendió. Yo igual lo quería ver, era mi equipo y estábamos cerca. El partido ya había empezado y estabamos ahí. Se termina el primer tiempo, y le digo al tipo de la puerta que tenía a mi mamá y a mi hermana esperando en el auto,  que si las podía hacer pasar. Me dijo que sí, que las haga pasar. Entraron y nos pusimos a tomar mate. En eso, toda la hinchada de Brown nos vio y se pusieron a cantar todo el resto del partido contra nosotros. Y yo ahí, cantando sólo. Un loco total. Tipo 20 minutos del segundo tiempo, nos hacen un gol, y en eso se larga una lluvia tenue. Mi hermana y mi vieja no me dijeron nada y se fueron al auto, de hecho algunos jugadores se daban vuelta y me miraban con cara de no entender nada, jajaja.

Y yo dije, bueno, en el momento en el que San Martín haga un gol yo se lo grito a todos estos tipos en la cara. Y no, terminó el partido uno a cero. Perdimos. Me fui con un grito de gol ahogado en la garganta. Tenía ganas de volver a mi casa, pero de ahí tuve que llevar a mi vieja y a mi hermana a cumplir la promesa que les había hecho de llevarlas a la Virgen de San Nicolás. Volvimos re tarde a casa, enojados, mal.

Se me acercó a la salida un tipo de La Gaceta y me hizo una nota porque quería conocer mi historia. Y salió esa nota, aún tengo esa copia.

-¿Qué te parece el equipo de ahora?

-Me gusta hay que darle tiempo, creo que necesita tiempo de adaptación, es una categoría dificil. Creo que tiene que seguir Cagna. Nos está faltando algo de suerte. Esta es como la campaña de los 50 puntos de Roldán, es el año para mantenerse. El año que viene recién pensar en ascender. Me gusta el equipo, creo que se tiene que convencer de ganar. Contra Estudiantes de San Luis se ve eso, no nos pueden remontar un 3-1.

-¿Qué es San Martín para vos?

-Para mi que estoy afuera, que ya van a hacer 20 años que no vivo en Tucumán y me la paso viajando… Para mi es un lugar de pertenencia, una casa a donde yo llego siempre, y me encuentro con hermosos recuerdos de la niñez y la juventud, son esos partidos que compartí con mi papá y con mi hermano. Con mis tíos. Eso es San Martín para mi. Es ese club, ese lugar de pertenencia que a veces refleja la vida de cada uno. El esfuerzo por ascender, por no descender… es el relato de la vida de cada uno. Uno también se la pasa luchando, mantenerse. Es como un relato de la vida. Siempre con la frente en alto dandolo todo. Un relato en paralelo de la vida. Es un paralelo conmigo. Es la alegría de los ascensos, el 6-1 en la Bombonera, y también esos descensos abruptos y dolorosos. Eso también es la vida de uno, y eso también es San Martín. Y hoy le pido regularidad, que es también lo que yo me pido a mi. Cada vez que voy a Tucumán lo voy a ver… Pará, me vas a hacer llorar.

 

 

 

 

 

 

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