Valores entendidos

Por: Pedro Martín Ottonello

 

Alrededor de unas 60 personas se acercaron ayer a Jáuregui, antiguo polo textil, para acompañar y ver a San Martín. Démosle un marco: un partido de fútbol.

Foto: Pedro Ottonello para Tucumán Fútbol.

Foto: Pedro Ottonello para Tucumán Fútbol.

“Al ascenso del ’88 en Chaco, lo vi con un hincha chaqueño pegado al lado mío. Eran valores entendidos, si bien habían tribunas separadas, se toleraban más cosas”, me comenta César, después de los incidentes sucedidos.

Valores entendidos. Detrás del arco que defendió César Taborda el segundo tiempo estaban ubicadas estas 60 personas, muchas familias, muchos con chicos que no superaban los 15 años. Para salir de allí, primero se encuentran con una suerte de explanada, que también funciona como estacionamiento. Una sola calle angosta rodeada por árboles comunica a la única calle que domicilia realmente al ¿estadio? De Flandria. Detrás de la única tribuna con la que cuenta, se encuentra dicha calle.

Terminado el partido, un grupo de hinchas locales encerraron y emboscaron al grupo de personas que se acercó al partido. El viejo chiste de “no somos machos, pero somos muchos” se personificó en aquel mismo momento. Con excusas escuetas, buscando la mínima excusa para iniciar la batahola, comenzó una escalada de violencia por demás bizarra. Según Séneca, ni toda el agua de un río será jamás suficiente para lavar la mano ensangrentada de un asesino, pues bien: ni el transcurso de los años podrá quitarle el mote de cobarde a quienes ayer envalentonados en multitud trompearon a un nene de, repito, tan sólo 14 años.

¿Cuán hombre pueden ser dos personas que le roban una camiseta a un adolescente? Una imagen se gravó en la retina de quien escribe. Un grupo de hinchas locales recogiendo piedras y preguntando cuales eran los autos de las personas que acababan de agredir.

¿Qué decir de las fuerzas de seguridad, si ayer en un partido de la misma categoría un jugador terminó con una esquirla en la cabeza? ¿Puede haber una imagen más gráfica que esa? Tan sólo ese botón como muestra.

Los tiempos cambiaron: probablemente ninguna persona mayor de 40 años creería en estas líneas si leyese que uno de los agresores tenía en su mano un cuchillo tramontina soldado en un cepillo de dientes. Lamento decirle que es lo que hubo. Si en el medio se perdió la vergüenza de entre varios golpear a un menor, la hombría de pelear a mano limpia uno contra uno, de pegarle a una madre con su hijo estuvieron a un paso. Es el síntoma de una enfermedad, un árbol de un bosque.

La violencia no discrimina víctimas, los victimarios de ayer hirieron a propios y extraños. Marchitan su nombre, condenan su orgullo, y por sobre todas las cosas dejan una huella latente en los agredidos. Simples espectadores de un partido de fútbol.

Los padres que hoy llevan a sus hijos a la cancha, lo hacen porque sus padres los llevaron. Es un testigo que se pasa, una tradición que se hereda. Estamos consiguiendo que eso se corte, estamos haciendo todo lo posible para que eso se detenga. Si sólo las personas que manejan al fútbol pueden salvar al fútbol, el futuro se divisa negro y pedregoso.

Los valores entendidos de ayer se han perdido.

 

         Fotos de galería

 

Foto: Pedro Ottonello para Tucumán fútbol.

Foto: Pedro Ottonello para Tucumán fútbol.

Foto: Pedro Ottonello para Tucumán fútbol.

Foto: Pedro Ottonello para Tucumán fútbol.

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